Luces y sombras de la adopción

“La adopción fue la forma que me planteé ser madre por primera vez. Al comenzar los trámites junto a Juanjo, mi esposo, iniciamos un camino lleno de retos y satisfacciones. Escuchamos palabras de apoyo y solidaridad; pero también enfrentamos discursos de miedo frente a lo que estábamos por vivir, palabras que reflejan la sociedad que somos, una a la que le cuesta integrar la diferencia.”

Elena Laguarda, madre por adopción y biológica


¿Por qué hablar de adopción resulta incómodo para las partes involucradas y para quienes la conocemos desde fuera? ¿Por qué es un tema tabú casi como hablar de infidelidad en una pareja, en la que familiares cercanos saben que sucede, pero prefieren, por mil razones, guardar el secreto? Son tantas las aristas alrededor de la adopción que necesitaríamos un tratado para plantear posibilidades sobre por qué socialmente es un tema que nos cuesta tanto trabajo abordar.


Sin embargo, queremos aprovechar estas líneas sólo para nombrar a las partes involucradas en cualquier proceso de adopción y cómo socialmente se opina de ellas. Deseamos plantear preguntas para propiciar la reflexión y así intentar descubrir qué nos mueve este tema de manera personal, familiar o social.

La primera en participar es la familia biológica. Pero la realidad, es que al pensar en quién da en adopción por lo general viene a nuestra mente una mujer, quitándole toda responsabilidad a los hombres. Entonces nos preguntamos ¿Por qué una mujer decide dar en adopción a su hijo o hija? ¿Siempre será por deshacerse de la responsabilidad que implica la crianza? ¿o podrá ser como un acto de amor? Quizá lo que nos han dicho niños y niñas de tercero de primaria nos ayude a clarificarnos: “porque no tiene dinero suficiente para comprarle lo que necesita”, “porque está enferma y no lo puede cuidar”, “porque no tiene casa y prefiere que alguien le dé a su bebé lo que necesita, como comida y dormir calientito”. Poquísimas veces aparece en su visión que es “porque no lo quiere” y tienen clarísimo que es una decisión difícil. En el mundo adulto, el juicio a esta mujer, no así a los hombres, suele ser implacable: “ni las hienas abandonan a sus hijos”, “para qué se embarazó, ahora que asuma sus consecuencias”. La realidad es que las historias son tan diversas que no corresponde generalizar y menos enjuiciar a las mujeres, sino escucharlas y, en el mejor de los casos, entender y ayudarlas a integrar a su vida esa parte de su historia.


Después tenemos a los hijos e hijas dados en adopción. Su situación es producto de las circunstancias. Por ellos decide la familia biológica o el Estado. “La orfandad en México, es una realidad dolorosa. Una investigación de Unicef de 2016, muestra que en nuestro país hay 1.6 millones de niños huérfanos. Según este estudio, la causa principal es el abandono, migración o por el crimen organizado que cada día mata a más personas dejando huérfanos a sus hijos. Tres situaciones a las que México está lejos de darles solución”, nos recuerda Elena Laguarda, educadora en sexualidad. Pocas veces pensamos en estos niños, niñas y adolescentes.

Y agrega más datos brutales: “según Aldeas Infantiles SOS, aunque son más de un millón los huérfanos en el país por diversas causas, la mayoría vive con otros familiares; es decir, que, aunque han perdido a sus padres, cuentan con una familia para crecer en ella. Pero existen 500 mil menores que viven en absoluta orfandad, que no cuentan con ningún cuidado parental ni con nadie de la familia extensa que los cuide y los proteja. Y la mayoría de ellos vive en situación de calle: sólo 43 mil 600 se encuentran en alguna de las mil casas hogar que existen en el país”. Parece que como adultos le debemos demasiado a la infancia. Incluso a quienes se integra a una familia con un proceso terso se les suele deber la verdad, como contó Natalia, de 34 años, durante un conversatorio del grupo Orígenes, conformado por hijos e hijas por adopción: “Nací en la Ciudad de México y me adoptó una familia de Hermosillo, Sonora, desde el siguiente día que nací. Siempre me mencionaron que mi mamá había fallecido durante el parto, pero a los 20 años me entero de que está viva y de ahí surge el interés de buscar mis orígenes.” ¿Por qué cuesta tanto a las familias decir la verdad a los hijos por adopción? Razones puede haber muchas, pero decirles o no la verdad es un falso debate. Lo que hay que discutir en familia es cómo y cuándo decírselo.


Hablemos ahora de las familias que adoptan. La clásica respuesta a ¿por qué deciden adoptar a alguien? Suele ser “porque no pueden tener hijos”. Sucede, sí, pero a veces ese es el mal principio, pues se utiliza a alguien para llenar un vacío. ¿Por qué socialmente no hemos integrado la idea de que se puede adoptar y acompañar a alguien que no cuenta con una familia, independientemente de nuestra capacidad reproductiva? ¿Éticamente se vale “elegir” a quien adoptar o una vez manifestada nuestra intención de hacerlo, recibir a quien lo necesita? ¿Será que todas las personas que integran a su familia a alguien por adopción “son unos santos”? ¿Quiénes fueron adoptados les deberán respeto y agradecimiento eterno? ¿Qué pasa si un adolescente por adopción no cumple las expectativas de las personas que lo adoptan?, ¿lo devuelven o hacen todo lo posible por continuar? ¿Quién acompaña a estas familias a transitar el proceso de adopción, con sus luces y sombras? Como vemos, el asunto no es sencillo, pero lo que debe prevalecer ante las dificultades es la obligación del mundo adulto para con los niños, niñas y adolescentes en orfandad. Nos toca cuidarlos y ayudarlos a crecer en ambientes amorosos.

Por último, están las instituciones de gobierno y asociaciones civiles que intervienen en los procesos de adopción de infantes y adolescentes que se encuentran en casas hogar. Son las asociaciones civiles que a través de procesos judiciales legales logran más procesos de adopción que el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia. Sin embargo, la institucionalización de niños y niñas por sí misma viola su derecho humano a crecer en una familia, por eso, de darse, debería de ser sólo una decisión transitoria, con un plan establecido para restituir ese derecho; por esa razón, desde 2019, explica Elena Laguarda, arrancó el programa de familias de acogida, a las que se pueden integrar los menores mientras se logra su adopción definitiva.


Cada entidad del país avanza poco a poco en este programa en medio de mitos y prejuicios no resueltos respecto a las familias biológicas, a las necesidades de los niños, niñas y adolescentes y de las intenciones de las personas que adoptan. El vacío legal en el que han operado desde hace décadas organizaciones, algunas religiosas, para hacerse cargo de los niños y recibir recursos públicos o privados por esa labor, ha permitido abusos de distinta índole contra cualquiera de las tres partes de los procesos de adopción, inlcuso han lucrado con la necesidad y vulnerabilidad de las mujeres que viven un embarazo en circunstancias difíciles. En esta liga se puede leer un reportaje que ejemplifica esta situación (https://lamalafe.lat/las-adopciones-en-mexico-son-controladas-por-la-ultraderecha/?fbclid=IwAR024v4FItgMBil7XDm94Q_Unkzmq-URt9fB6GKOMj53hxWkXURkWWAA7yU).


Como vemos, con más interrogantes que respuestas llegamos a un año más del Día Mundial de la Adopción, desde Sexualidad ATI no cejaremos en abordar el tema. Debemos asumir que niñas, niños y adolescentes son de responsabilidad de todos.

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