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Estrategias para prevenir el abuso

Actualizado: 19 de ene de 2019


Reconocer sentimientos y sensaciones internas ayuda a prevenir el abuso

Todos los padres deseamos proteger a nuestros hijos para que no vivan ningún tipo de abuso y, menos aún, un abuso sexual. Lo que es importante saber es que es posible ayudarlos a desarrollar habilidades para que puedan protegerse y solicitar ayuda, en caso de necesitarlo. El abuso sexual es una forma más de abuso, que tiene que ver con la asimetría de poder: Una persona con más edad, experiencia y capacidades que se aprovecha de otra, sobre la que tiene el poder. La mayoría de las veces el abuso ocurre por parte de una persona que forma parte del círculo cercano del menor y que ha tenido la habilidad para ganarse, primero, la confianza de los adultos a su cargo. Es importante resaltar que hay una línea muy delgada entre prevención de abuso y generar paranoia. No se trata de asustar a los menores con mensajes como “cualquiera puede hacerte daño”; por el contrario. se trata de fortalecer en ellos capacidades para intuir que hay riesgo, alejarse y pedir ayuda. Por eso es importante considerar los siguientes seis puntos:


1. El buen trato. Este punto es indispensable para lograr prevención, pues un niño o adolescente que es tratado con dignidad y respeto físico y emocional en casa, reconocerá cualquier tipo de maltrato fuera de ella. Un niño que es mal tratado en casa, vivirá el abuso como una extención de este trato, que a veces sentirá, que merece recibir. Es importante que tenga la viviencia de ser escuchado por nosotros, que seamos para él ese adulto confiable al que puede recurrir, si algo lo incomoda o lo lastima.


2. Prevenir el abuso está relacionado también con la capacidad de reconocer sentimientos y sensaciones internas. Debemos despertar en ellos la capacidad de distinguir cuándo se sienten cómodos o incómodos en su relación con los demás. Es una alarma interna que puede hacerlos concientes del riesgo, pero no sólo eso, sino también que puedan establecer distancia cuando reconozcan este sentimiento. Para ello, es importante que seamos los primeros en respetar esta distancia permitiéndole decir no a besos o caricias que no deseen.


3. Enséñale a cuestionar lo que sucede a su alrededor; que aprendan a ser críticos para reconocer las situaciones ilógicas, frente a las peticiones del otro. Por ejemplo, ¿sería lógico que cualquier persona se te acercara en la calle y te dijera que puedes ser la modelo de una película y tomarte una foto, o que un adulto te hablara de manera seductora como si fueras su novia y no sólo una niña? Tener las antenas puestas para detectar la incongruencia es piedra fundamental para medir el riesgo.


4. Diferenciar entre secreto bueno y secreto malo. Un secreto bueno es una confidencia que no debe romperse, pero un secreto malo es aquel que te da vueltas en la cabeza, te hace sentir miedo o incomodidad y, sobre todo, sabes que alguien está en riesgo. Romper cualquier secreto y contarlo a un adulto confiable es algo que debe hacerse, pues una persona que te obiga a guardar el secreto de algo que te daña, no merece confianza.


5. Ayudarlo a distinguir entre los miedos que se vencen como el miedo a la oscuridad, o atreverse a subirse a un juego mecánico en una feria, a los miedos que protegen, esos que te avisan que existe peligro y que debes dar un paso atrás para protegerte, como el ver contenidos inadecuados para la edad, como pornografía o terror; como romper limites y beber alcohol. Cuando internamente hay adrenalina es momento para hacer un alto y pensar antes de actuar.


6. Ensaya ruta crítica de acción. Ayúdalo a identificar a un adulto confiable en todos los ambientes en los que se desenvuelve para que pueda buscarlo en caso de necesidad. Establece también con él un código de seguridad, una clave que puedan utilizar cuando se separa de ti para que te llame y pueda buscar tu ayuda. Así, si ocurre una situación incómoda podrá solicitar tu ayuda aún en frente de su grupo de pares. Frases como “creo que dejé la ventana abierta”, “no le di de comer al perro”, entre otras, que se hayan acordado previamente podrán utilizarse para hacerte saber que debes acudir por él. Establece reglas de seguridad como, la que se refiere a que si sale en grupo, debe permanecer en ese grupo sin cambiar de lugar para que puedas buscarlo en caso de necesidad. Los niños y adolescentes deben saber que nunca pueden cortar la comunicación con su red de seguiridad, sus adultos confiables, que estos deben saber en todo momento en dónde están.


Hablar del tema con los menores y ayudarlos a desarrollar estrategias es la mejor manera de mantenerlos a salvo.

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