LOS BESOS NO SE COMPRAN

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        En Asesoría Educativa y Prevención llevamos varios años brindando talleres a niños a partir de los 4 años de edad. También ofrecemos conferencias a los padres de familia y he de decir que una de las preocupaciones que siempre está presente es cómo proteger a sus hijos de un abuso sexual. Muchas de sus preguntas van dirigidas hacia ese tema: “¿Cómo lo prevengo?” “¿Qué mensaje le envío?”

Muchos de ellos ya han hablado con sus hijos sobre el tema y les han enviado mensajes como: “Nadie puede tocar tu cuerpo”, “No hables con extraños”. “Si alguien trata de tocar tus partes privadas aléjate y cuéntamelo”.

Lo cierto es que existe una línea muy delgada entre generar prevención o paranoia. El enviarle mensajes a los niños sobre la posibilidad de que haya personas malas que puedan hacerle daño, no son la mejor opción para prevenir el abuso, pues lejos de brindarle herramientas para que puedan protegerse les genera la sensación de que no hay manera de hacerlo, los paraliza. Hablar del abuso sexual no debería de ser la gran plática: “siéntate tenemos que hablar sobre la maldad del mundo y el abuso”, sino más bien el tener con ellos pequeñas acciones que les permitan fortalecer habilidades para detectar cualquier posibilidad de riesgo y poner límites. Una de esas habilidades es el permitirles decidir. Sí, desde las cosas más sencillas como qué es lo que quieren comer, que ropa ponerse, qué juguete o helado comprar hasta algo fundamental: decidir qué distancia mantener en la cercanía con el otro, decidir cómo y cuándo recibir o dar una caricia, beso o abrazo.

Cuando lo obligamos a saludar de beso o abrazo, por ejemplo a un familiar, cuando se siente incómodo le enviamos dos mensajes:

1º No hacerle caso a su incomodidad, callar su sentimiento, que es el que en el futuro le hará prever situaciones de riesgo.

2º Que cualquier adulto tiene el derecho de obligarlo a recibir caricias que no desea y que él debe dárselas.

Socialmente los obligamos a esto de manera cotidiana. Muchos padres sostienen que es cuestión de educación. Yo creo que, si bien todos los niños deben de ser educados y tener buenos modales, pedir las cosas por favor, dar las gracias y saludar, tienen el derecho de decidir cómo hacerlo. Es un niño igualmente educado aquel que saluda con palabras, al que se acerca a dar un abrazo de manera espontánea, ambas son válidas.

Cuando trabajamos en los talleres con niños pequeños nunca deja de sorprenderme sus respuestas. Las razones que ellos brindan para tener que someterse a caricias no deseadas generalmente son: “es tu familia”, “tienes que ser educado”, “no es de buen gusto que te den un beso y tu no lo quieras recibir”, “si no saludas y les das el beso se van a enojar contigo por ser grosero”, “va a pensar que no lo quieres”, “te va dejar de querer y se va a ir de tu casa”, “tu mamá se puede enojar mucho contigo”, “ya no te van a regalar nada”.

Si analizamos estos comentarios nos daríamos cuenta que en ellos están presentes tres componentes que, de hecho, son estrategias que usan las personas que abusan de los niños: el chantaje, el soborno y la amenaza. La persona que abusa intentará, primero, generar una sensación de complicidad con el menor para lograr convencerlo, “tu eres mi niño favorito”, “pero tanto que te quiero”, le hará sentir obligado a acceder a su petición con tal de no perder su afecto. También le intercambiará cosas que detecte que el menor quiere o necesite a cambio de sus caricias y por último lo amenazará, “¿a quién le creerá tu mamá?, “le voy a decir que tú fuiste el que me pidió las caricias”, o “si le dices a alguien le puede ir muy mal a tu mamá”.

Qué lejos estamos de generar prevención cuando utilizamos continuamente estas estrategias en la vida cotidiana para obligarlos a hacer algo que no desean, algo tan íntimo como compartir su espacio personal. Como bien lo decían niños en el taller de sexualidad que dimos esta semana: “no se vale que te obliguen, que condicionen un beso a darte algo que te gusta”, “los besos no se compran”, “cuando te dicen que se les va a romper el corazón significa que quieren obligarte a darles lo que quieren, no se les rompe el corazón, porque si no se morirían, es un engaño”.

            Ayudarle a un niño a desarrollar la fuerza para poder decir de manera clara cuándo se siente incómodo, negarse y poner un límite es el mejor regalo que podemos hacerle. La única manera de fortalecer esta habilidad es respetando su elecciones. Es una manera, también, de enviarle el mensaje de que todo en la sexualidad es una decisión en donde debe existir el mutuo acuerdo, sin presión y en libertad. Finalmente, es maravillosa la experiencia de recibir un abrazo y un beso de manera espontánea cuando el otro se siente cómodo y nos comparte su intimidad.

Te invitamos a leer nuestro más reciente libro, Ati y su caja de besos en donde se aborda este tema.

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