Familias

Por Elena Laguarda Ruiz

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     El 15 de mayo se conmemora el día internacional de la familia. En voz de un niño de cuatro años: “La familia es un grupo de personas que sirve para cuidarse y darse amor”. Esta es la definición que más me gusta de todas las que he escuchado, pues deja abierta la puerta para imaginar que las personas que la conforman pueden tener diferente color de piel, religión, orientación y que lo importante, independientemente de todo, es que están unidas por el amor, y son una vivencia constructiva para quien vive en ellas.

El concepto de familia ha ido y seguirá cambiando a lo largo de la historia. La diversidad manifiesta en ella es cada vez más aceptada; lo que nunca cambiará es que representa la primera visión del mundo que tiene un niño. Si vive en un hogar que lo acepta como es, lo trata dignamente y se siente amado, verá que el mundo es un lugar digno de ser vivido, y tendrá la fortaleza para enfrentar lo que venga en el futuro; si, por el contrario, vive violencia, miedo y desesperanza, eso es lo que probablemente germine en él. Estos factores están determinados por la calidad de vínculos que se establezcan en este primer entorno, independientemente de si los adultos a su cargo cubren el perfil de la familia típica o rompen con él.

Lo cierto es que lo único que tenemos en común, en la maravillosa gama de posibilidades, es que llegamos a nuestra familia sólo por dos caminos: biológicamente, aún cuando hayamos necesitado de la ciencia para que esto ocurra, o por adopción, así sea particular, en una casa hogar o por hacernos cargo de un menor que no nació de nosotros.

Si bien la sociedad ha cambiado su discurso en torno a la adopción —hoy, casi nadie podría decir que está en contra de la posibilidad de que se adopte, e incluso se recomienda que no se guarde como secreto—, aún no existe una aceptación plena. Hay muchos miedos y mitos alrededor de la misma que impiden que las personas se planteen esta opción como válida, independientemente de si pueden ser o no padres biológicos.

Dando talleres de sexualidad con niños pequeños he podido observar como hacia los ocho o nueve años de edad, ya tienen un discurso negativo sobre la adopción: “No quieres igual a un niño adoptado porque no sabes de dónde vino”. “Lo abandonaron porque no lo querían o descubrieron que era malo”. “Lo sacan de los orfanatorios, en donde los maltratan y ponen a trabajar”. “Las personas cuando no pueden tener hijos se conforman con uno que no es de verdad”. “No puedes quererlos igual porque no eres su verdadera madre”.

Plantearle a los niños desde pequeños la adopción como otra manera, igualmente valiosa, de tener un hijo abre la posibilidad de aceptar todas las demás diferencias que, se acepte o no, son vividas por miles y miles de personas.

Por eso, hoy tenemos que celebrar a este grupo de personas con capacidad de amar y honrar el ser una familia.

Foto tomada de: http://realbebes.es/los-hijos-adoptados-tienen-los-mismos-derechos-que-los-hijos-biologicos/