El Síndrome Romeo y Julieta

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           En nuestro país el índice de violencia en el noviazgo es alta. Según La Secretaría General del Consejo Nacional de Población (CONAPO) en una investigación que realizó en 2014, el 76% de los jóvenes de entre 15 y 24 años han sufrido algún tipo de violencia en su relación de pareja. Con violencia nos referimos al abuso físico, emocional o sexual que tiene como objetivo dominar o controlar al otro.

“No veo feliz a mi hijo, siempre están peleando porque ella no quiere que salga con sus amigos”, “cuando llega a la casa de salir con él llega llorando porque algún pleito le hizo enfrente de sus amigos”, “la cela por todo, muchas veces la veo angustiada pensando en cómo contentarlo”, “la muchachita llega y se queda hasta las 11 o 12 de la noche, no le importa si al día siguiente mi hijo tiene examen”, “vi su celular y tenía más de 200 mensajes de la niña desesperada porque quería salió con sus amigos”, “le habla de pronto muy feo, le vi moretones en el brazo”, “cada vez que lo quiere dejar, algo sucede y vuelven”.

Muchas padres de familia podemos observar que la relación de nuestros hijos contiene celos, control, falta de respeto y una incapacidad de respetar límites en la relación. Hay incluso casos dolorosos en los que podemos contemplar incluso violencia física. La primera reacción que tenemos es intentar acabar con la relación. No lo hagas, eso sólo generará que se de el Síndrome Romeo y Julieta, es decir que se refuerce el vínculo que existe entre ellos por pensar “nadie comprende nuestro amor”, “el mundo está en contra de nosotros” y genere que la relación siga incluso a tus espaldas. Tampoco intentes confrontar directamente a la pareja de tu hijo o hija, pues esto sólo generará que tu hijo se enoje contigo pudiendo cortar toda comunicación, esto te impedirá ayudarlo. Algunas estrategias que funcionan en esta situación son:

  1. Espejea su relación de pareja, sin juzgarla. No se trata de decirle “ella no merece la pena”, “deja de salir con él”, “es un patán”, “que celosa es tu novia”. En cambio intenta frases como : “es la tercera vez que regresas de salir con él llorando, qué difícil vivir una relación así”, “parece que le molesta mucho que salgas con tus amigos, qué difícil tener que elegir entre tu novia y ellos”, “¿te pidió que te cambiaras de ropa?, qué difícil no poder ser libre para elegir cómo vestirte”. No profundices más, sólo refléjale lo que está viviendo.
  2. Establece con tu hijo o hija límites de horario, días en que puede ver a su novia. Espera que él o ella sea quien ponga el límite a su pareja. A muchos adolescentes les cuesta trabajo establecerlos por el miedo a la reacción que pueda tener su pareja frente al límite. No confrontes directamente a la pareja situaciones como pedirle directamente a la novia que se vaya a casa pues es muy tarde, no sirve para que tu hijo se de cuenta que es incapaz de ponerlos. En vez de eso mejor sostén una conversación clara de lo que esperas de él y la consecuencia que existirá si no lo logra, por ejemplo: “recuerda que entre semana el no puede quedarse después de las ocho de la noche, si no logras que eso suceda no podrás verlo la próxima semana”. De esa manera tendrá que ejercer su capacidad de poner un alto a situaciones que ocurren en la pareja, esto llevará a su relación a cambiar para adecuarse a esos límites o terminar.
  3. Habla claramente de tu preocupación con tu hijo sobre su relación de pareja si ves que ésta empeora. Frases como “llevas mucho tiempo sin poder ponerle límites a tu novio”, “te veo triste y deprimido cada vez que sales con ella y me preocupa porque cada vez los veo más agresivos entre sí”, podrán ayudar. Sugiérele que pueda ir a un espacio en terapia para poder analizar por qué está en una relación que lo lastima tanto. Esto es importante pues una persona que vivió una relación de pareja con violencia y no la resolvió tiende a repetir la experiencia.
  4. Ten paciencia, es probable que por momentos tu hijo tenga conciencia de lo que está viviendo y quiera terminar la relación, pero vuelva una y otra vez con esa persona. No rompas la comunicación con el, este tipo de relaciones tienden a aislar a la persona de amigos y familiares para que el sentimiento de soledad haga que sea más difícil dejarla.
  5. Modela con tu relación de pareja. No importa si estás casado o divorciado. Lo importante es que no le hables mal de tu pareja, que respetes el lugar que tiene en su vida. Es constructivo el que te vea discutir con tu pareja o ex pareja, si esta discusión se da en términos cordiales y de resolución de problemas, pero evita que presencie pleitos en los que ambos se insultan, o tienden a destruirse. Tu relación de pareja marcará un aprendizaje para relacionarse con otros.
Fotografía tomada de http://www.cuautitlan.unam.mx/rudics/ejemplares/rudics_jul_2012/art01_violenciaenelnoviazgo.html