¿Cómo es mi hijo y qué necesita?

 

Por Ma. Fernanda Laguarda

Ser papá o mamá no es fácil,
pero puede ser una de las experiencias
más satisfactorias y maravillosas
que podemos tener en la vida.

Offended little girl is jealous sister of teenage stepbrother in the living room

    Cuántas veces nos hemos preguntado, “¿por qué mi hijo se comporta así justo cuando yo estoy presente?”, “¿por qué se porta de otra forma cuándo está en otro lugar y conmigo parece alguien diferente?”, “¿qué puedo hacer para que nos llevemos mejor?”, “¿qué hago para que esté más tranquilo?”

Los hijos pueden tener conflictos o conductas que no deseamos por muchas razones y una de ellas es para llamar la atención de sus padres pues, en el fondo, sienten “a mí siempre me regañas”, “nunca me consientes”, “jamás me haces caso”, “no te importan mis cosas”, “nada de lo que hago te parece bien”, “no me quieres”.

No siempre podremos ser “exactamente” como nuestros hijos lo necesitan y en muchas ocasiones vamos a ser injustos. Si tienen hermanos, cuando no somos injustos para uno lo seremos para el otro. Y si son hijos únicos tampoco lograremos ser padres “perfectos”. Pero una cosa es que nuestros hijos sientan que no siempre somos justos con ellos y otra, muy distinta, es que sientan que no los amamos.

Aunque el amor de los padres sea incondicional y podemos amar a todos nuestros hijos, también es cierto que la relación que tenemos con cada uno de ellos es distinta, y esto puede depender de la personalidad de cada quien; existe la posibilidad de que haya hijos que nos resulten “más fáciles” y otros “más difíciles” ya que algunos cumplen más con las expectativas que teníamos sobre ellos y otros las cumplen menos.

Como si esto fuera poco, cada uno de ellos necesita que el amor se les exprese de manera distinta para poder sentirse suficientemente buenos, valiosos y dignos de ser amados por sus padres, quienes sin duda son las personas más importantes en su vida. Nosotros también tenemos nuestra propia forma de demostrar amor y ésta no siempre es compatible con las necesidades de nuestros hijos. Somos adultos, tenemos una historia distinta a la de ellos que influye en nuestra forma de ser madres y padres, además de que la mente y el corazón de los niños funciona de manera distinta a la nuestra. Lo interesante es encontrar lo que nuestro hijo o hija necesita y lo que nosotros le podemos dar, haciendo, por supuesto, nuestro mejor esfuerzo.

El hijo “encimoso”

Hay algunos hijos a los que les gustan los besos y los abrazos e incluso pueden resultar empalagosos y llegará un momento en el que nos preguntaremos, “¿cómo me lo quito de encima?”; puede ser cansado tener alguien “pegado y pegajoso” todo el tiempo que pasamos con ellos. Sin embargo, si lo vemos desde otro ángulo, nos está diciendo “te amo, eres lo más importante para mi y necesito saber si yo también lo soy para ti”. La única forma de “quitárnoslo de encima” es abrazándolo y besándolo sinceramente, hasta que se sienta lo suficientemente seguro como para poder alejarse un poco sabiendo que siempre estaremos ahí para darle un abrazo o un beso cuando lo necesite. Y estando conscientes, como padres, que también es importante expresar nuestro cariño físicamente cuándo nosotros queramos mostrarle nuestro amor, logrando así un equilibrio que nos haga sentir bien a ambos.

El hijo “¿me amas?”

Algunos lo que necesitan es escuchar “te quiero”, “te amo”, “me gusta estar contigo”, “eres importante para mi”. Por esto puede ser que constantemente nos pregunten, “¿me quieres?”, “¿me quieres?”, “¿me quieres?”, “¿a quién quieres más?”, “¿cuánto me quieres?”. O, tal vez, nos recuerden que nos quieren cada vez que se les presenta la oportunidad. Igual que el hijo “encimoso”, el hijo “¿me amas?” necesita una constante confirmación de nuestro amor incondicional. También les encantaría escuchar, “te amo pase lo que pase y hagas lo que hagas”, “nunca te voy a dejar de amar”, “te he amado siempre y te amaré para siempre”. Nosotros sabemos que nuestro amor es incondicional pero ellos no lo saben y es importante no solo demostrarlo, sino también decirlo, para que ellos lo puedan escuchar.

El hijo “actividades”         

Algunos otros son constante movimiento; quieren jugar, quieren pasear, quieren compartir con nosotros todo el tiempo que se pueda. Pero no hablo de los hijos a los que se les mantiene ocupados con mil actividades extraescolares para que liberen energía realizando cosas que les gustan, sino de los hijos que quieren compartir con nosotros lo que les gusta, que necesitan no sólo ir al fútbol, sino que juguemos fútbol con ellos; no sólo ir de campamento, sino que vayamos al día de campo como familia; niños que quieren que nos interesen sus actividades y sean significativas también para nosotros. Con este hijo no sólo hay que involucrarnos en sus actividades con el mayor entusiasmo posible, también es importante involucrarlo en nuestras actividades, en las que puedan resultarle interesantes, en las que puedan formar parte de nuestro repertorio familiar. Esto también incluye algunas responsabilidades en casa que se pueden compartir como poner la mesa, tender su cama, mantener limpio su cuarto, haciéndolo de manera positiva, poniendo énfasis en sus logros y no en sus faltas.

El hijo “somos uno mismo”

Estos hijos, probablemente, sean más tranquilos que otros. Necesitan saber que forman parte de nuestra vida y son indispensables para nosotros. Su forma de comprobarlo es distinta. Tal vez necesiten platicar, hablar de cómo les fue en el día contándonos detalle por detalle lo que les sucedió. También puede ser importante compartir un juego de mesa, un programa de televisión, una película, una lectura o una historia familiar antes de dormir; que los acompañemos mientras hacen la tarea o estudian para el examen. Puede ser que parezca más sencillo que el hijo “actividades”, todo depende de qué tipo de personalidad tengan sus padres, pero requieren de mucha atención y mucha escucha. Por esta misma necesidad, en ocasiones puede ser que este hijo busque unirse más a uno de sus padres tratando de acaparar su atención y tendiendo a rechazar al otro; lo cual complica más las cosas, ya que puede provocar una competencia entre los padres para ver quién logra ser más querido por el hijo. Como padre, poner atención a cada detalle de la vida de nuestro hijo o hija y responder a todas sus preguntas puede tener sus complicaciones.   

El hijo “perfecto”

Todos los niños pasan en algún momento, alrededor de los siete u ocho años por una etapa en la que el cumplir con las reglas es muy importante; en la que tratan de hacer las cosas “como debe de ser”. Algunos ya eran perfeccionistas desde antes y trataban de hacer las cosas lo mejor posible, otros simplemente parece que a partir de esa etapa se tragaron las reglas y se quedaron así. Estos hijos son “Don perfecto” o “Doña perfecta”, como nuestra conciencia, un angelito en nuestro hombro que nos dice cómo deben ser las cosas, qué es “lo correcto”.

Si sus padres son perfeccionistas y viven más apegados a las normas sociales este puede ser casi “el hijo perfecto”, pero si vive en una familia más relajada, menos estricta, en donde se cuestionan las reglas, un hijo así puede ser difícil de manejar ya que tenderá a ser estricto, exigente e incluso les causará conflicto cuando las cosas no sean “como deberían”. Sea cual sea el tipo de familia en la que viva, el reto con un hijo o una hija así es que aprenda la excepción a la regla, que comprenda que hay muchas formas de hacer las cosas y que en ocasiones está bien romper las normas socialmente establecidas, buscar distintos caminos, poder ser uno mismo y sin sentirse culpable al hacerlo. Habrá que mostrarle que nadie es perfecto.

El hijo “yo puedo solo”

Sucede que hay hijos que desde pequeños necesitan su espacio, que piden nuestro tiempo y atención cuando lo requieren pero cuando no la solicitan es porque no nos necesitan tan cerca. Para ellos es importante saber que estamos ahí de manera incondicional, pero que les daremos espacio para que “puedan respirar”. Son hijos que probablemente no necesiten tanto contacto físico, que sean más reservados con respecto a su vida y sus sentimientos, con quienes el reto sea mantener una relación afectivamente cercana sin invadirlos, buscando un espacio para realizar actividades que sean interesantes para ambos; saber de su vida sin interrogarlos y no caer en la tentación de abandonarlos solamente porque logran ser más independientes en algunas de sus actividades. Finalmente, hay que recordar que solamente son niños y que siguen siendo nuestra responsabilidad, que necesitan nuestro amor y nuestros límites.

El hijo “no, no, no”

Convivir con estos hijos puede ser muy complicado. Muchas veces, cuando le pedimos algo, nos dice que “no”. En ocasiones lo podemos convencer, en otras negociar y en otras nos quedamos con la respuesta negativa. Nos ponen constantemente a prueba, “estira la liga” para ver si se rompe. Con ellos es necesario hacer acopio de toda nuestra paciencia, no ser impositivos pero teniendo claro lo que no es negociable y qué si lo puede ser; no tener una estructura rígida e inamovible pero sí una rutina predecible y límites claros con consecuencias proporcionales a la falta cometida, cuando sea necesario. Por otro lado es muy útil, en lo que se pueda y sea adecuado a su edad, darles opciones que les permitan decidir, de manera que aprendan a hacerlo de forma asertiva y no sólo por ser oposicionistas. El reto con ellos es no utilizar el chantaje, el soborno, la amenaza ni el engaño y, por supuesto, no perder la paciencia y reconocer cuando hayan tomado una buena actitud para que sientan que son tomados en cuenta; que son amados aunque tiendan a convertirse en un reto constante para nosotros.

El hijo “por qué, por qué”

Puede ser un hijo que sea curioso y al que le interese conocer el porqué de las cosas, pero cuando se mezcla con el hijo “no, no, no” y, además de ser oposicionista para llamar nuestra atención, requiere de una explicación de por qué necesitamos que haga algo, las cosas se ponen más complicadas. También necesita ser tomado en cuenta. Sin embargo, requieren de una mayor compresión de la situación. Estos hijos son muy analíticos y constituyen un gran reto para los padres ya que, además de necesitar paciencia, nos ponen a pensar en nuestras razones para hacer las cosas y las prioridades que para nosotros resultan naturales. En este caso, es necesario no olvidar que quienes mandan somos los padres, que no tenemos que explicar constantemente lo que hacemos, pero que en ocasiones debemos tomar en cuenta sus opiniones, reflexionar sobre nuestra toma de decisiones y, sobre todo, que no siempre es saludable decir, “porque lo mando yo”.

El hijo un “poco de todo”

Los seres humanos no siempre cabemos en una clasificación, algunos hijos pueden ajustarse más a estas descripciones. Sin embargo, hay otros que tienen un poco de dos o de tres o de cada una de estas tipologías u otras que no hemos contemplado en estas líneas. Esto puede ser más sencillo o más complicado dependiendo de la combinación patente en la personalidad de cada uno de ellos y, por supuesto, de la nuestra, así como de las expectativas que tengamos sobre él o ella. No olvidemos que cada persona es única e irrepetible y que, independientemente de lo que nosotros hayamos imaginado para alguno de nuestros hijos, ellos deben convertirse en las personas que desean ser.

Lo principal es saber que todos los hijos necesitan saberse amados incondicionalmente y ser tomados en cuenta para sentirse seguros, contenidos y lograr construir una buena autoestima. Todos nos necesitan presentes en sus vidas, compartiendo tiempo de calidad de diferentes maneras. Todos necesitan de nuestra guía y nuestros límites, de nuestro respeto y buen trato. Todos necesitan de nuestro amor.

Imagen tomada de http://www.conmishijos.com/uploads/ninos/9104-Hijo_diferente-familia-ninos.jpg